
Gabriela Montenegro, nieta de Doña Ramona Montenegro relató los difíciles momentos que le toca vivir por dos jóvenes que le hacen la vida imposible.
Fuente: http://www.multimediosmaldoni.net/
“El jueves a la madrugada viajé a Córdoba porque operaban a mi mamá y en casa quedaron mis hijas de 15 y 17 años, mi abuela y una chica que tengo en guarda provisoria. El viernes por la noche me llama mi hija diciéndome que golpeaban la puerta y no veía a nadie pero los perros ladraban; después me decía que le intentaban abrir la puerta desesperadamente, entonces yo llamo desde Córdoba a la policía de Monte Maíz y fueron urgente. Mi mamá también llamó a mi sobrino para que pida ayuda a los vecinos, pero ni mi sobrino ni la policía vieron a alguien, entonces le pedí que se vayan a la casa de mi mamá que no había nadie y se quedaran ahí. A las 2 de la mañana hablo con una de mis hijas y me dijo que no me asuste, que estaban todos bien pero habían entrado a la casa de mi abuela, tirando todo y revolviendo todo lo que había, vino la policía y le ayudaron a ordenar ya que habían orinado y había agua tirada por todos lados. Mi abuela el sábado por la mañana hizo la denuncia mientras yo me volvía a Monte Maíz. Primero parecía que habían entrado por la claraboya pero no fue por ahí que entraron: pasó que la nena que yo tengo en la guarda volvió sola esa noche a la casa, estos tipos la siguieron y la amenazaron para que abra la puerta y ahí paso todo, la golpearon y le dejaron un papel amenazándola de muerte, está lesionada y se está haciendo cargo la asistente social. La nena dice que no los conoció quiénes eran. Se llevaron un dinero que mi abuela tenía guardado que era de un seguro que había cobrado; eran $ 3000.
El sábado también amenazaron a mi hija mayor y no quería salir ni al patio, el domingo se vino mi mamá de Córdoba y fui de noche a curarle la herida de la operación a su casa. Ni bien llego a la casa de mi mamá me llama urgente mi hija pidiéndome que vuelva urgente porque los tipos estaban en la ventana. Vino la policía y algunos vecinos a la casa de mi abuela para ayudar. Cuando estábamos todos afuera, mis hijas, mi papá, mi marido y algunos vecinos, mi abuela sale de la casa diciendo que le habían vuelto a golpear la ventana. Fuimos otra vez a la policía y esa noche hablé con la nena que tengo en guarda y la obligué a que me diga quiénes eran realmente porque ella los había visto y ahí me confesó que los conoció, llorando, que eran 3 personas y los denunciamos con nombre y apellido. Son mayores y son del barrio. El miércoles volvieron a venir, sentí el picaporte de la puerta y anduvieron en los techos, salió mi marido tiró un disparo al aire y corrieron.
La bronca que tengo es que ahora mis hijas se tuvieron que ir del pueblo y la nena que tengo en guarda se hizo cargo una asistente social poniéndola en un instituto de menores para resguardar su seguridad porque fue la que los vio.
Un policía se quedó hasta la madrugada, después le dije que se fuera porque yo tenía que trabajar temprano y él también. Fue muy bueno el hombre; espero que la policía actúe ya que tengo que ver a estos tipos todos los días sentados enfrente de mi casa como si nada fuera. Yo para salir a tender la ropa tengo que mirar para todos lados y tengo que vivir con llave”.
