
Y un día un pueblo se despertó y dijo basta. Se reveló.
Varios hechos delictivos tenían en vilo a los pobladores de la localidad de Pascanas y ni la policía ni el gobierno le encontraban la ?vuelta? para dar las soluciones que esa gente esperaba. Un asesinato a sangre fría, cobarde, propia de gente depravada y perversa fue la gota que rebalsó el vaso.

Y salieron a la calle, se juntaron, levantaron sus pancartas, se solidarizaron, se ?mancomunaron? en serio, sin egoísmos ni prejuicios de ninguna naturaleza. Y exigieron respuesta inmediata, ?desafiaron? al mismísimo Gobernador De La Sota y pusieron el grito, no en el cielo, sino en la calle o para ser más preciso ?en la ruta?. Se transformaron en ?piqueteros?, esa palabra que a muchos molesta, y que esta vez no solo molestó sino que al mismo tiempo fue contundente a la hora de encontrar las respuestas durante mucho tiempo postergadas. Tanto, que el mismo Ministro de Seguridad Provincial tuvo que hacerse presente allí, en ese pueblo, en esa ruta que fue tapa de los periódicos más importantes del país.
Al menos por un tiempo, el dolor de una esposa, la flaqueza de unos hijos, la incertidumbre angustiosa de una familia fue compartida por amigos, vecinos, compañeros de trabajo, colegas, etc.
Salieron a la calle a exigir justicia y lo lograron. La muerte de un padre, de la forma en que se produjo, nunca es ?ajusticiada? del todo, pero mirar a la cara a los ?tipos? que cometieron tal brutal hecho, esposados, juzgados y condenados, seguramente dejará un alivio a esa familia que, acompañados solidariamente, velarán por la memoria de Miguel Ángel Oviedo, un camionero que un día salió a ganarse la vida ?honestamente? como muchos, como siempre, sólo que esta vez nunca más regresó.
En cada una de esas manos que levantaban una pancarta, elevaban una plegaria o daban una palmada de aliento hay una esperanza. Esperanza que muchas veces está oculta, guardada, aguardando la oportunidad de lanzarse al inmenso desafío de ser vista y escuchada.
Mucho hicieron los medios para que esto sucediera, no sólo acompañando, sino mostrando, haciendo ver esos rostros y esas manos alzadas, haciendo oír y sumándose a las voces de quienes manifestaron su indignación e impotencia.
Allí y así estaba Pascanas y estaba su gente.
Quedarán seguramente las dudas, planteadas en el juicio, de saber cuántos más tuvieron participación en el hecho, porque es cierto también que la ?repercusión mediática? y la ?politización? que provocó este asesinato, precipitaron y aceleraron la investigación, pero eso es ?harina de otro costal?, análisis de otro análisis.
Hoy, lo cierto es que allí, en una localidad casi al sur de Córdoba, como tantas otras, muchas veces olvidada por el gobierno, la gente se levantó, se puso de pié para decir basta. Pero también para decir ?nosotros también somos capaces de esto?. Nosotros también ?somos? y ?existimos?.
Un día, la solidaridad tuvo su tiempo y su lugar en Pascanas.
Quizá Muchos de esos hombres y mujeres que una vez vieron por televisión cómo un grupo de personas agrupadas ?volteaban? a un presidente, nunca pensaron juntarse para algo semejante. Y lo hicieron, no para ?voltear? a nadie, sino para reclamar justicia, para expresar su solidaridad, para acompañar y compartir un dolor. Quizá esos mismos hombre y mujeres, niños y adolescentes nunca se imaginaron y mucho menos esperaron ser partícipes de un piquete: ?el piquete menos pensado?.
