
Por María Julia Gallucci
Prof. De Música y Nivel Inicial
Ex miembro de la Comisión Nacional del Malambo (Laborde)
Por lo general, las historias se repiten.
Este año 2005, llevé a mi pequeño hijo Santiago al Festival Nacional del Malambo, al igual que hicieron conmigo desde que tengo uso de razón.
Como se habrán dado cuenta soy una hija de Laborde, la capital de este importante evento, y desde siempre viví empapada con todo lo concerniente al mismo.
Ya desde niña esperaba ansiosa los primeros días de enero, me encantaba ver en mi pueblo esa metamorfosis que se producía al arribo de las distintas delegaciones que conforman el crisol de mi país; con sus vestimentas típicas, sus inigualables tonadas, su especial calor humano...

Apenas tuve edad suficiente, colaboré con lo que pude, como lo hace la mayoría de la juventud labordense, de acomodadora en el predio, de guía para las delegaciones, bailando, pero aún no medía la magnitud y trascendencia que tenía y tendría ese Festival para alimentar nuestras tradiciones, tan vapuleadas por ideas estranjerizantes.
Recién tomé verdadera noción de sus dimensiones cuando, ya adulta, fui integrante de su Comisión Organizadora, trabajando de marzo a enero para brindar lo mejor a nuestro país representado en mi pueblo.
Saber diferente cuando en una ronda de mate (amargo) te cuentan los sacrificios que desde Jujuy o Chubut hacen para estar en Laborde, o las eternas narraciones de algún periodista lugareño, real o ficticia, de sus andanzas. Recorrer las escuelas y encontrar alegría y esperanza traducidas en canto y baile o simplemente ver dibujados en sus rostros la añoranza por volver al año siguiente.
También comencé a asistir a las conferencias dictadas por personas idóneas, sumamente comprometidas con nuestra cultura nacional. Es emocionante ver como, en las mismas, una multitud de niños y jóvenes escuchan y están atentos ante la palabra del experto. Desde esas instructivas charlas desarraigué por completo el concepto peyorativo que muchos tenemos con respecto a la palabra ?Tradición?, que la traducimos a gaucho con bombachas y botas o gato con relaciones.
Observando la presentación de las distintas delegaciones provinciales aprendí que la Tradición muestra la textura psicológica del pueblo. En ella caben las diferentes formas de comunicación del hombre: la poesía, la música y el canto, las danzas, las costumbres, sus ídolos, las leyendas, etc.
El nítido perfil del argentino ha de buscarse en todas las manifestaciones del alma popular, sin invasiones extrañas a su sensibilidad; esto es a lo que apuntamos en mi pueblo, y vaya si lo estamos logrando, este año, el diario más importante del país (Clarín) se ocupó de nuestro Festival, y sus malambistas fueron tapa de la sección Espectáculos.
También el querido Profesor Aricó, que año tras año nos acompaña, concluyó al finalizar la sexta noche ?... tras largos 38 años de ardua, constante y responsable labor, Laborde se ha convertido en sólido baluarte, donde hallamos lo auténtico y lo autóctono de nuestro ser nacional y allí debemos converger...?
Que más puedo contarles, que estoy orgullosa de pertenecer al Festival Nacional del Malambo, que viví, vivo y viviré con pasión sus noches festivaleras, que es maravilloso compartir la misma historia que mis padres y que, espero que así sea para él, para Santiago: por eso decimos que ?mientras haya un labordense en pie, este será La Capital Nacional del Malambo?.