
Por Ivan Alberto Ghi
Días atrás, contemplé a través de la televisión (ese aparato que nos une al mundo) como, en España, se desataba una polémica impresionante sobre el uso de los preservativos para la prevención del SIDA.
Hasta aquí no parece haber nada fuera de lo habitual que no conozcamos, pero lo llamativo es que, una vez más, aquella polémica la desataron miembros de la Iglesia.
Resulta ser que el comentario de un alto representante de la Iglesia Cristiana, acerca de que en ese país la Iglesia estaría de acuerdo con el uso del preservativo para evitar este mal (SIDA) que se ha convertido en el enemigo público número uno en temas de cuidados de la salud, despertó la ira del Vaticano y de muchos otros que sumaron sus voces de descontento y desacuerdo.

Parece mentira que, a esta altura de las circunstancias, debamos seguir con la discusión acerca de si es aceptable o no usar preservativos en las relaciones sexuales, sean estas ocasionales o permanentes. No se trata de juzgar creencias religiosas, de ninguna manera, pero sí de tener sentido común y una visión más amplia y ?realista? de la realidad (valga la irónica redundancia); no se trata de poner en discusión ningún tipo de fe, sea cristiana, judía, evangelista, o cualquier otra manifestación de esta naturaleza, pero sí aceptar que desde hace mucho tiempo y a partir de los avances de las ciencias, entre fe y realidad (y racionalidad) existe un abismo de distancia; y no significa esto que tener fe sea irracional pero sí que, en la mayoría de los casos, lo primero tiene prioridad sobre lo segundo.
Pero volviendo al tema central de la discusión (porque no me siento capacitado para realizar juzgamientos de ninguna naturaleza y esta es solo una opinión más entre tantas), negarse a admitir la existencia de relaciones prematrimoniales o extramatrimoniales (estemos o no de acuerdo con ellas) resulta un tanto ambiguo; y esa ambigüedad puede a conducir a cometer errores cuyo desenlace, como en el caso de la enfermedad del H.I.V. es nada menos que la muerte.
En todo caso deberíamos buscar otras alternativas para la discusión, o formar a nuestros niños y adolescentes dentro de un ámbito más cercano a la realidad que nos toca vivir. Por otro lado, nos encontramos con la contraposición de ideas o propuestas, ya que desde todos los medios de comunicación, los organismos oficiales alertan sobre este mal y aconsejan esa medida de protección para evitarlo y hasta se implementa el sistema de obsequio de preservativos como parte de campañas preventivas.
Se que muchas veces este tipo de comentarios u opiniones despierta cierto malestar o inquietud, sobre todo cuando las críticas son dirigidas a temas como fe, religión, creencias, etc. pero es necesario, mas allá de eso, que pongamos énfasis en discusiones como estas, porque se trata nada mas y nada menos que de la vida; la nuestra, la de nuestros hijos, nuestro futuro.
Y aunque la enfermedad del SIDA nos parezca lejana y distante, existe, es una realidad de la cual no podemos ser indiferentes porque no sabemos que tan lejos y distante está; esto me recuerda aquella publicidad en la cual todos se sentían ajenos porque la enfermedad era cosa de homosexuales o adictos a las drogas, pues bien, en algún momento la adicción a las drogas también nos parecía lejana y distante y sin embargo... nos alcanzó.